Publicación del Diario de Teruel

Hotel cerca de las pistas de esquí de Valdelinares

Todos lo sabemos. Vivimos tiempos convulsos y las noticias que nos llegan de Europa nos hablan de nuevas restricciones, de tormentas financieras, de futuros inciertos. Si miramos nuestra Península el panorama es poco halagüeño. A pesar de su rescate económico, Portugal sigue sin ver la salida del túnel. España, por su parte, mantiene el mayor índice de paro de la Unión Europea y a pesar de los reiterados intentos en la búsqueda de soluciones las cosas no parecen querer mejorar.

Un panorama, pues, que invita a la reflexión y que provoca una contracción importante en todas aquellas personas que han hecho de su vida una apuesta para emprender nuevas iniciativas, para asumir nuevos riesgos, para incentivar la maltrecha economía.

Sirva este preámbulo para mostrar mi admiración hacia estos emprendedores y emprendedoras que en estos tiempos de tribulación arriesgan su tiempo y su dinero en proponer nuevos negocios, en promover nuevas iniciativas que buscan el beneficio propio, sin duda, pero que repercuten en el beneficio colectivo.

Y lo realmente sorprendente es que ello no sólo ocurre en las grandes ciudades o en aquellos espacios donde tradicionalmente todo ha sido más fácil. En Mosqueruela, en este Teruel que lucha desde hace años para salir de su ostracismo y reivindicar sus posibilidades de presente y de porvenir, acabo de ser testigo de una de estas apuestas de riesgo, sin duda, pero cargadas de futuro.

Agustín, un hombre emprendedor, un enamorado visceral de su pueblo, ha asumido la aventura de crear un espacio singular, una propuesta de alta calidad donde une restauración, destinada a convertirse gracias a sus laureados cocineros en un referente gastronómico, a unas exclusivas habitaciones (sólo seis!) que comparten elementos de la tradición con un diseño soberbio, elegante, contemporáneo.

Agustín está agotado por el colosal esfuerzo que acaba de realizar, pero sus ojos desprenden la ilusión de todos aquellos que creen en sus proyectos, de aquellos que ven como sus sueños se pueden hacer realidad, de aquellos que luchan para que el municipio que les vio nacer mejore y siga adelante y pueda mostrar con orgullo aquello que sus hijos son capaces de hacer.

En estos tiempos convulsos, iniciativas como las de La Posada de Mosqueruela nos indican el camino a seguir y ponen en evidencia que con ilusión, esfuerzo, talento y trabajo no todo está perdido y aún estamos a tiempo de volver a conquistar el futuro.

Joan Boadas Raset

 

 

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